Atravesando el Canal de Lemaire

21'15 del Viernes 11 de Diciembre de 2009. El pequeño Molchanov, buque ruso en el que llevamos ya 9 días surcando las aguas antárticas, se dispone a cruzar los 11 km que con apenas 1600 m de ancho separa la Península Kiev en la parte continental de la Tierra de Graham y la Isla Booth. Estamos en uno de los puntos de más extraordinaria belleza escénica que una persona puede contemplar en este mundo. el Canal de Lemaire

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Resulta muy difícil avanzar por este estrecho sin que las nubes cubran la cimas de los grandes acantilados que dejamos a los laterales. Sin embargo hoy somos privilegiados, y el sol ilumina las excepcionales cinceladas de hielo, fragmentos de icebergs, que ni el mejor arquitecto podría imaginar en sus diseños.


Estamos en una concentración de aguas tranquilas, pacíficas, muy diferentes al temido Paso Drake que nos transportó dos días y medio entre las aguas más temibles del planeta, donde los cambios de corriente provoca que muchos enormes trozos de "esculturas" de decenas de tonos y colores, se desprendan y floten como islas aisladas a nuestro alrededor.


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Los pocos e intrépidos viajeros que animados llegamos a este emplazamiento lejano a la naturaleza conocida, navegamos muy lentamente sorteando múltiples obstáculos. Es posible que por este hecho, y el incremento de barcos turísticos (especialmente cruceros de hasta 2000 pasajeros), lo que ha puesto sobre la mesa la evidencia del riesgo que supone navegar entre bloques de hielo y ha sido abordado en la reunión anual del Tratado Antártico.


No obstante, si ya el Sexto Continente, el Continente Helado, el lugar de naturaleza más extrema de la Tierra, es una experiencia única en la vida de una persona y su convivencia interior, el Canal de Lemaire con sus enormes desfiladeros de escarpadas paredes, hogar de una fauna de supervivientes pingüinos y focas de Weddel, es la guinda final a la aventura.


Es posible que sea el espejo de sus gélidas y tranquilas aguas, que reflejan los gigantesco témpanos de hielo de diferentes formas, lo que hace de este lugar uno de los más bellos y singulares que el ojo humano puede llegar a ver.


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No fue hasta 1873 cuando una expedición alemana dirigida por el capitán Eduard Dallmann lo descubriera aunque no lo navegaría. El nombre de Lemaire viene del famoso explorador belga del Congo, Charles Lemaire, y sería Adrien de Gerlache de Gomery quién se lo pondría en la primera navegación de la totalidad del canal ya en 1898, 25 años después


Independientemente de lo que cuente la historia, no resulta en absoluto fácil ponerse en la situación de los grandes exploradores de finales del S.XIX cuando en condiciones realmente delicadas, iban descubriendo parajes ni siquiera imaginados antes, y que seguramente servía de motivación para seguir adelante. ¿Cúal sería la reacción de Eduard Dallmann cuando visualizó semejante obra de arquitectura? Nunca lo sabremos, pero si el sentimiento que tengo ya al otro lado del canal, a pesar del frío, entre los reflejos de esta enorme montaña nevada que dejo a mis espaldas y que me hace sentir pequeño e insignificante entre la naturaleza más bella y extrema de este mundo.



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